Los mejores libros de ciencia ficción.

Lo que pasa con el Canon Literario, así con mayúsculas, es que es como el código de Los piratas del Caribe, «que consiste en unas directrices, no en auténticas reglas». Y cuando hablamos del de la ciencia ficción es todavía más confuso, porque ni siquiera hay una definición de lo que es la CF que convenza a todo el mundo. Como para ponernos de acuerdo en una lista de libros esenciales. Lo que es de traca es que, siendo un género que en el fondo es tan amplio y diverso, las listas de recomendados se sigan reciclando desde 1955, como si no se hubiera escrito nada de valor desde entonces. Que el sesgo se ve perfectamente, vaya.

Es una discusión tan cíclica, tan previsible, que en la última lista de marras (que no voy a enlazar porque es muy posible que esté diseñada para conseguir clicks de frikis tiquismiquis como yo) adiviné el 95% del contenido antes de abrir el enlace. Están las incursiones literarias en el género de autores de fuera, para dar prestigio, está la novela de aventuras decimonónica sobre la que se puede discutir si es del género o no, el ramillete de distopías (porque la ciencia ficción sólo es buena si da bajona) en el que casualmente falta El cuento de la criada, está Dune, de la que nos acordamos ahora que va a haber película… Y está Le Guin y se la llama «la gran dama de la ciencia ficción», porque todo el mundo sabe que Le Guin, aunque parecía una señora muy dulce, decapitó con su espada al resto de autoras en activo. Porque sólo puede quedar una.

Al final, las listas así no le sirven a nadie. Son horrendas para atraer a nuevos lectores al género, la gente que sabe del tema se va a reír de la selección y es bastante posible que la mitad de la población se pregunte si una lista de «lo mejor de» en la que hay un 6,6% de mujeres es una puñetera broma. Por no decir algo más fuerte.

A mí me gusta la ciencia ficción clásica. Podría sacar sin despeinarme una lista de libros escritos antes de que yo naciera, llena de venerables y difuntos señores blancos, y que aún así fuese más interesante, representativa y, para qué engañarnos, mejor escrita. Bradbury se quedaría, porque de verdad es de los mejores, pero el Buen Doctor de las Amplias Patillas se merece un descanso. ¿Para qué recomendar La Fundación de Asimov cuando hay tanta gente que no conoce La Instrumentalidad de Cordwainer Smith?

Pero lo voy a dejar para otro día. Hoy quería ampliar la lista que hice en twitter en un ataque de furia justiciera, porque es posible recopilar una selección de los mejores libros de ciencia ficción que esté escrita exclusivamente por mujeres. No es perfecta. Por las limitaciones que me puse antes de empezar, el rango de fechas y por hacerla sólo con obras traducidas y publicadas aquí, sigue siendo una selección demasiado homogénea. El campo ha cambiado a mejor en los últimos veinte años, otra selección hecha con libros más recientes no tendría los mismos problemas.

Frankenstein, de Mary W. Shelley (1818).

Cualquier lista que incluya a pioneros como Wells o Verne pero no a Shelley está descalificada automáticamente. Yo no hago las normas; ni Asimov tenía problemas en reconocerla como la persona que inventó el género.

Poco más puedo añadir, que no sea que tanto Mary como su señora madre lo molaban todo. Frankenstein no es sólo un clásico indiscutible del género, sino de toda la literatura universal y, además, Shelley también inventó la ciencia ficción post-apocalíptica en 1826 con El último hombre en la tierra.

Si hubiera justicia en el mundo, alguno de los premios del ramo sería un busto de Mary Shelley, que se lo merecía más que ese señor del que usted me habla que inventó el horror cósmico. Si un busto no es posible, también aceptaría una réplica del corazón momificado del marido de esta buena mujer. Un tal Percy, creo.

Metrópolis, de Thea von Harbou (1926).

Si vamos a hablar de roboces, Metrópolis es más importante que las tres leyes de de Asimov. Ya está, ya lo he dicho. ¿Pero cuánta gente sabe que tanto el guion de la película como el libro están escritos por una mujer? ¿Qué parte del éxito de la obra de Frizt Lang se debe a su colaboración con Thea von Harbou? Yo diría que una bastante grande, pero que el «mujer de» no nos deja ver bien.

De toda la lista, este es el caso más claro de los problemas de «separar a la obra de su autor» y me lo pensé bastante antes de ponerla. Toda la influencia de Metrópolis en el imaginario de la ciencia ficción no borra el hecho de que von Harbou colaborase con la Alemania nazi escribiendo y dirigiendo películas de propaganda. Ese, y no otro, es el motivo de que no suela ser más reconocida.

En fin, escritoras. Pueden ser tan problemáticas como cualquier hombre. #feminism

El vuelo del dragón, de Ann McCaffrey (1968).

Todos los libros de Pern son ciencia ficción. Lo son, como todo el mundo sabe, porque McCaffrey decía que eran ciencia ficción y porque se publicaban en colecciones de ciencia ficción. La confusión se debe a que salen dragones y a que es una variedad muy particular de CF disfrazada de fantasía (como Star Wars, vaya).

Es complicado valorar el impacto y la influencia de El vuelo del dragón y del resto de libros de la serie desde donde estamos ahora. Después de todo, McCaffrey fue la primera escritora en recibir un Nebula desde que se crearon los premios. Sus dragones son los antepasados directos de la mayoría de los que aparecen en el género fantástico moderno, y en este aspecto es igual de importante, o más, que Tolkien. También tiene gran parte de la culpa de la superpoblación de apóstrofos en los nombres alienígenas o fantásticos, pero no todo iba a ser bueno.

El worldbuilding es excelente. La verdad es que soy fan de las historias donde la ciencia es indistinguible de la magia porque la explicación se pierde en la noche de los tiempos. Pero hay una explicación. Y alguien tiene que volver a descubrirla.

Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin (1974).

Aquí me cuesta ser objetiva, porque es mi libro favorito, pero no tengo que serlo. Podría haber llenado la lista entera sólo con sus novelas y antologías de relatos y habría sido difícil reprocharme algo. El impacto de Le Guin en el género es difícil de medir, pero su importancia queda clara cuando ni las listas más sesgadas pueden dejarla fuera.

Para mí, Los desposeídos tiene la mejor descripción, la mejor primera página, la mejor frase de toda la CF. «Encerraba el universo, dejando fuera a Anarres, libre». Le Guin le podía dar sentido de la maravilla a lo que es básicamente el muro de un aeropuerto y usarlo para plantear la tesis de toda la novela: esa ambigüedad a la que hace referencia el subtítulo de Una utopía ambigua.

Todo el Ciclo de Hainish es una obra maestra, pero Los desposeídos es uno de los libros que salvaría de un incendio en casa. Hay suecos a los que se les tendría que caer la cara de vergüenza por no haberle dado el Nobel cuando aún vivía.

Mundos cálidos y otros, de James Tiptree, Jr (1975).

Tiptree, qué gran muchacho. Hay algo ineluctablemente masculino en sus narraciones… Lo siento, no he podido resistirme. El día que me dejen de hacer gracia esos dos prólogos de Silverberg y Asimov voy a tener que ir al médico, porque lo más seguro es que sea un signo de senilidad o algo así.

Casi toda la obra de Alice Sheldon, alias Tiptree Jr., alias Racoona Sheldon, es breve. Esto es un problema en un género en el que las obras importantes (nótese la cursiva) son novelas, pero sería una ventaja a la hora de hacer una reedición exhaustiva de sus obras completas. Quedarían muy bien en varios tomos en mi estantería.

Visto desde ahora, con lo que sé ahora, me parece increíble que alguien pueda leer un relato como Las mujeres que los hombres no ven y no sospechar un poquito que lo había escrito una de esas mujeres invisibles.

La estación del crepúsculo, de Kate Wilhelm (1976).

La que probablemente es la mejor historia sobre clonación humana que se ha escrito. Y es de 1976. Hay otra edición anterior que conserva mejor el título original, Donde solían cantar los dulces pájaros; la traducción también es diferente.

La estación del crepúsculo es otra novela post-apocalíptica (es como si las mujeres se pasaran mucho tiempo pensando en el fin del mundo), que sigue la vida de varias generaciones de una familia de clones después del colapso de la civilización. La palabra clave aquí es «familia». Es una forma muy interesante de tratar el tema de los pecados de los padres, cuando son casi pecados propios.

Muy, muy recomendada.

 

Serpiente del sueño, de Vonda N. McIntyre (1978).

McIntyre es de esas autoras a las que desearías que el reconocimiento les hubiese llegado antes. Tiene un puñado de novelas excelentes, como Superluminal, que es de mis favoritas de «mujer pilota naves espaciales», que no es un subgénero tan numeroso como debería. O La Luna y el Sol, que se pondrá de moda un año de estos cuando saquen la película, que lleva en el limbo desde 2014.

Serpiente del sueño es una obra pionera en el uso del lenguaje y el género de los protagonistas. También es una novela post-apocalíptica de un futuro tan lejano que a primera vista parece fantasía.

Un clásico imprescindible que ganó los premios más importantes del género en Estados Unidos: Hugo, Nebula y Locus, pero que no es tan conocido como debería.

Kalpa Imperial, de Angélica Gorodischer (1983).

Quería haber puesto más libros escritos originalmente en idiomas distintos al inglés. Tenía tres de Elia Barceló entre los finalistas, que se han quedado fuera porque fui incapaz de elegir sólo uno. Con Kalpa no tuve ningún problema, porque estaría en mi top diez absoluto, uno en el que no separase por género, nacionalidad o idioma. Es tan, tan bueno, que la propia Le Guin es la que se encargó de su traducción al inglés.

Aquí volvemos a lo de antes, es ciencia ficción disfrazada de fantasía; como me comentaba alguien en las respuestas del hilo, al final queda claro que se trata de un futuro muy, muy lejano.

Kalpa imperial tiene el mejor narrador del género: un cuentacuentos. La naturalidad con la que habla es dificilísima de conseguir, ese tono engañosamente sencillo es una prueba de lo bien que escribe Gorodischer.

Imprescindible.

Cyteen, de C. J. Cherryh (1988).

Cyteen tiene el dudoso honor de lucir la peor portada en la larga serie de portadas horribles que, como cuenta Eleanor Arnason en su artículo en Infiltradas, le suele tocar con más frecuencia a los libros de CF escritos por mujeres. Por eso la imagen de este artículo es de una edición en inglés, porque en los tres volúmenes que publicó Nova en los noventa sale «la de los grifos», como sabe cualquiera que me siga en twitter, porque suelo despotricar sobre ella de forma periódica.

Cherryh es otra autora infrarrepresentada en castellano, aunque quizá es porque su obra es vastísima, más que por falta de publicaciones. Como muestra está su serie Foreigner, que consta de siete trilogías consecutivas con más de veinte volúmenes en total (¿Que Sanderson qué?), de los que aquí sólo se ha traducido el primero, El extranjero. Este abandono es todavía más sangrante cuando casi lo que ha escrito forma parte del mismo universo, y cuando alguna de las series que lo componen, como Chanur, son otros clásicos por derecho propio. (Los cuatro primeros libros de la serie de Chanur sí que se tradujeron pero, sorpresa, están descatalogadísimos).

Cyteen es un complejo estudio sobre la identidad que, como La estación del crepúsculo, usa la clonación humana como base, todo dentro de una sociedad distópica que le podría sacar los colores a Un mundo feliz, pero que, curiosamente, se describe de una forma muy neutra y expositiva en la novela, sin juicios de valor, algo que estoy convencida de que es una decisión deliberada de la autora.

También es una novela de misterio en la que, spoilers, alguien tiene que resolver su propio asesinato.

Hierba, de Sheri S. Tepper (1989).

La puerta al país de las mujeres es la novela más famosa de Tepper, y la que suele aparecer en las listas de recomendados, pero en muchos aspectos no ha envejecido nada bien (especialmente en el tratamiento que hace de la homosexualidad, aunque sea de pasada). Hierba y Despertar, que es macabra en el mejor de los sentidos y tiene a unos de los alienígenas más alienígenas del género, me parecen mucho más interesantes.

Aunque sea ciencia ficción, hay algo de terror gótico en Hierba. La protagonista atrapada en una mansión aislada en el campo, la turbia atracción que sienten ciertas criaturas por las mujeres humanas, que no llega a verse ni a explicarse, pero se adivina…

La verdad es que toda la atmósfera es estupenda, como lo es la biología de los alienígenas y el ecosistema del planeta.

También es excelente el desarrollo de las consecuencias del colapso ecológico de la Tierra, las plagas y enfermedades que pueden salir de ahí y el expolio colonial de los recursos de otros para solucionar problemas propios. Casi nada.

Xenogénesis, de Octavia E. Butler (1987).

Conocida en inglés como Lilith’s Brood, esta trilogía de Butler, compuesta de Amanecer, Ritos de Madurez e Imago, es de esas reediciones que necesitamos como el comer. Con portadas nuevas, si no es mucho pedir.

Lo he comentado en alguna ocasión, pero la primera vez que leí Amanecer no me di cuenta de que la protagonista es una mujer negra. No es algo fácil de pasar por alto, fue el idiota y vago de mi cerebro fiándose de los estereotipos, los lugares comunes y las ideas preconcebidas sobre quién puede ser protagonista. La vergüenza que sentí al darme cuenta del asunto después de empezar la segunda novela no es algo que se me vaya a olvidar.

Es curioso que en la ciencia ficción, que en el fondo es un género que apenas tiene límites, hay pocas historias que se centren en relaciones afectivas o sexuales. Así, generalizando, en conjunto es pelín mojigata. Que, como en Xenogénesis, se centren en relaciones con una especie extraterrestre, hay todavía menos.

En esta trilogía post-apocalíptica (sí, otra vez) una raza de alienígenas salva a la Humanidad de la extinción, pero a la vez le quita la capacidad de reproducirse a los supervivientes. Para hacerlo, el precio es unirse a ellos para crear algo… distinto.

Un clásico absoluto, de verdad. Es un crimen que sea tan difícil de encontrar sin darse al corso.

El libro del Día del Juicio Final, de Connie Willis (1992).

Willis es el autor más premiado de la historia de la ciencia ficción (y aquí estoy usando el masculino genérico de forma intencionada), así que a cualquier lista que no la incluya se le da las gracias, el juego de mesa del programa y se la manda para casa.

También es otra de mis escritoras favoritas, así que fue difícil elegir una novela. Tiene varias divertidísimas, como Oveja mansa, porque Willis hace HUMOR, o comedia de enredo, como dice ella a veces. Sus cuentos son impresionantes; es imbatible en las distancias cortas, cuando sus novelas más largas, como Tránsito, no terminan de quedar tan redondas.

Es famosa sobre todo por sus historias de viajes en el tiempo, en gran parte de su obra aparece la misma organización de historiadores que estudia el pasado, como en esta, Doomsday Book en el original, en el que una de ellas, Kirvin, queda atrapada en el año equivocado de la Edad Media. Esta novela, en concreto, no es de risa. No.

Círculo de espadas, de Eleanor Arnason (1993).

Creo que es uno de mis ejemplos favoritos de primer contacto entre humanos y alienígenas. Y mi libro favorito con una sociedad segregada por sexos, algo que nunca se termina de hacer bien. Y mi favorito de ciencia ficción centrada en el lenguaje.

Una de las situaciones que más me gustan de la CF es cuando, durante el primer contacto, una de las dos especies tiene que decidir si la otra es sensible y autoconsciente. Si son gente. A veces hay un juicio y todo. Aquí, son los humanos los que están a prueba por una especie con tecnología superior con la que no conviene entrar en guerra.

La protagonista es una traductora humana que tiene aprender el idioma de los otros, porque no te pueden juzgar si no te enteras de lo que pasa. Hay alienígenas peludos y medusas bioluminiscentes. Hay arte, teatro y obras de Shakespeare. Hay reflexiones sobre género y sexualidad, tanto humana como alienígena, y sobre qué es lo que nos hace gente.

Una campaña civil, de Lois McMaster Bujold (1999).

Lo que ha hecho Bujold con la saga Vorkosigan es algo increíble. En una de las mejores series de space opera jamás creadas, sigue a un único individuo, desde antes de que sus padres se conozcan hasta su vida adulta (y más allá, con suerte, si puede seguir escribiendo). Se puede ver perfectamente la influencia que tiene el protagonista, Miles, en el curso de la historia de la galaxia, por la que se mueve a base de pura cabezonería y fuerza de voluntad, en el que es uno de los mejores ejemplos de dignidad y diversidad funcional de la ciencia ficción.

Me resulta imposible elegir sólo una novela de la serie, así que al final me decidí por la «comedia de costumbres», por supuesto. Es algo que Bujold hace mucho a lo largo de la serie, le gusta jugar con el enfoque de los libros. Hay space opera, novelas de detectives, ciencia ficción militar, comedia, drama y romance. Pura maravilla.

Y, lo mejor de todo, está al caer una reedición.

El corcel, de Carol Emshwiller (2002).

Otra distopía post-apocalíptica con un final sorprendentemente optimista (en serio). En mi headcanon, Emshwiller se leyó Amos de títeres de Heinlein, otro habitual de las listas de recomendados, y pensó «puedo hacerlo mejor». Y vaya si lo hizo.

La premisa es muy similar, una especie de alienígenas parásitos con habilidades de control mental intenta esclavizar a la Humanidad. La diferencia es que en Amos de títeres no lo consiguen, pero en el El corcel sí.

La novela comienza varias generaciones después de la conquista, cuando el control sobre los humanos es tan completo que son básicamente los caballos de los extraterrestres. De ahí viene el título, porque la acción sigue a uno de esos corceles y a la extraña relación que se desarrolla entre él y su «amo».

Para ser una novela bastante dura (con todo el tema de criar gente como a ganado no se ahorra ningún paralelismo con épocas de esclavitud reales), el final ya digo que es hasta hopepunk antes de que se empezara a usar la palabra.

Conclusión

Cualquier lista de «los mejores», sea de lo que sea,  en la que sólo haya una mujer es un ejercicio de pereza tan previsible que no merece tenerse en cuenta. Y que todo el mundo tiene sus sesgos. Yo los míos los tengo bastante claros. No he metido ni El cuento de la criada ni Lengua materna, dos de los ejemplos más conocidos de ciencia ficción con un enfoque feminista, porque a mí, personalmente, no me terminan de convencer (mi favorito absoluto en esa categoría es Cuatro caminos hacia el perdón, de Le Guin, que sí que me ha costado dejar fuera pero no quería repetir autoras). Hay pocas autoras de las décadas de cuarenta y cincuenta porque siempre me ha interesado más el género después de la New Wave y porque las escritoras de esa época no son tan conocidas como las que vinieron después y están menos traducidas. Katherine MacLean, uno de mis descubrimientos del año pasado, tiene relatos sueltos traducidos en antologías y revistas descatalogadas, pero no hay ninguna antología en condiciones, así que la tuve que leer en inglés.

Tengo pensado hacer una lista de recomendaciones con libros más recientes y escritoras más contemporáneas, que va a ser un reto porque ahora sí que no hay excusa a la hora de elegir. Queda apuntado para la próxima.

5 comentarios en “Los mejores libros de ciencia ficción.”

  1. Gracias a ti por leer. La verdad es que hay un montón de escritoras que salieron en su momento en las colecciones de género fantástico (de fantasía hay para otras dos listas, pero no era el tema), de las que no nos solemos acordar porque ¿patatas? Hay novelas buenísimas olvidadas en el fondo editorial que, con una revisión y un cambio de portada, serían perfectas para reeditar hoy mismo.

  2. Hola, Raquel
    Estaba soltando un rollo tremendo, menos mal que he recapacitado y lo he borrado. Resumido: muchas gracias, soy un adicto a la ciencia ficción y el aporte femenino me hace más adicto aún. Tomo nota de cada recomendación, impaciente por hincarles el diente.
    Saludos
    PD: Tu sección de Cuentines es deliciosa 🙂

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