Celsius 232

Celsius 232

La semana que viene andaré por Avi­lés, en el fes­ti­val Cel­sius 232. El vier­nes 13 de julio voy a par­ti­ci­par en la pre­sen­ta­ción de la edi­to­rial Cer­bero, de 20:20 a 21:00 horas en la carpa de acti­vi­da­des, pero si os cru­záis con­migo cual­quier otro ratín, estaré encan­tada de van­da­li­za­ros cual­quier ejem­plar de No son moli­nos o Gamu­si­nos con una firma.

 

Cartel Celsius 232

 

Cartografía fantástica (II): Escala

Cartografía fantástica (II): Escala

Los mapas han de apor­tar algo a la his­to­ria a la que acom­pa­ñan. Da igual que sean boni­tos o no, tie­nen que dar infor­ma­ción útil a tus lec­to­res. Y la infor­ma­ción más impor­tante que con­tiene un mapa es el tamaño del lugar que repre­senta. Eso es justo lo que hace la escala.

Cuando se trata de mapas del mundo real más o menos tene­mos una idea del tamaño de los terri­to­rios que des­cri­ben (que no siem­pre es correcta; algu­nas pro­yec­cio­nes car­to­grá­fi­cas tie­nen pro­ble­mas de dis­tor­sión que sobre­rre­pre­sen­tan unos paí­ses y mini­mi­zan otros, pero eso lo dejo para otro día). La escala siem­pre viene bien, pero no es impres­cin­di­ble por­que ya nos hemos encon­trado antes mapas de la Tie­rra y sabe­mos que Aus­tra­lia es más grande que Menorca. Reco­no­ce­mos las for­mas de los con­ti­nen­tes por­que las hemos visto desde antes de poner el pie en un cole­gio.

Con los mapas ima­gi­na­rios esta ven­taja se esfuma. Sin refe­ren­cias cla­ras es impo­si­ble saber si eso que tie­nes delante es el mapa­mundi de un pla­neta entero o si es del tamaño de Mur­cia, por ejem­plo.

¿Y qué pasa si no pones escala? Pues que es muy fácil que ten­gas pro­ble­mas de escala, valga la rebuz­nan­cia. Me explico. Hay for­mas de hacerse una idea apro­xi­mada del tamaño del esce­na­rio en el que se desa­rro­lla una his­to­ria sin tener el mapa delante, como las des­crip­cio­nes y la cro­no­lo­gía interna, o el tiempo que tar­dan los per­so­na­jes en lle­gar de un punto a otro. O la velo­ci­dad a la que vuela un grajo desde Fres­qui­lan­dia, en el norte, hasta Punta Chan­cleta, en el sur, para anun­ciar que hace un frío del carajo.

(Es una noti­cia impor­tante y el pobre grajo hace todo lo que puede, ¿vale?).

Como digo, según lees, vas echando cuen­tas. Tie­nes un mapa pre­cioso, sin escala pero con unas líneas de costa muy foto­gé­ni­cas y con todos los extras: las Mon­ta­ñas de la Locura, las Cié­na­gas de la Per­di­ción, el Desierto de los Sudo­res, etc. Ade­más se ven otras cua­tro o cinco cor­di­lle­ras inter­mi­na­bles que se cru­zan entre sí y dos o tres ríos con pinta de Ama­zo­nas. Pero con las pis­tas en el texto te sale que el mapa sí que era del tamaño de Mur­cia, des­pués de todo.

Que Mur­cia es muy her­mosa, ojo, pero no le cabe den­tro tanta geo­gra­fía.

Y tu mapa tiene un pro­blema serio de escala. Lo con­tra­rio tam­bién ocu­rre, claro, pasarse de fre­nada y tener a tus per­so­na­jes vagando por un terri­to­rio impo­si­ble­mente grande, sin tener en cuenta los meses que se van a pasar de viaje y todos los pro­ble­mas de logís­tica aso­cia­dos. Y la épica tam­poco depende de la escala, pero hay que bus­car un equi­li­brio entre las dos situa­cio­nes. Por eso es impor­tante un mapa bien hecho, que pri­mero va a bene­fi­ciar a quien escribe. Aco­tar el espa­cio te aho­rra pro­ble­mas a la larga. Y en esta fase da igual que el mapa sea un boceto en una ser­vi­lleta.

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Cartografía fantástica (I): Introducción

Cartografía fantástica (I): Introducción

Pues eso, que te que­jas un par de cien­tos de veces de mapas fan­tás­ti­cos mal hechos y ya tie­nes la fama de la «loca de los mapas». Y ahora te men­cio­nan en twit­ter cada vez que hay cade­nas mon­ta­ño­sas con ángu­los extra­ños y ríos impo­si­bles, claro, por­que es muy gra­cioso ver cómo te tiras de los pelos.

Por un mapa que maté, mata­ma­pas me lla­ma­ron.

Me encan­tan los mapas de paí­ses ima­gi­na­rios. Me enga­ché desde el pri­mero, que, como le pasa a casi todo el mundo, fue uno de Tol­kien, que Ilú­va­tar lo tenga en su glo­ria. Una com­pa­ñera de cole­gio me prestó el pri­mer volu­men de El Señor de los Ani­llos y a la semana ya había con­se­guido que mi madre me rega­lase los tres tomos y El hob­bit de pro­pina. Me pasé horas ente­ras mirando los apén­di­ces y los mapas.

(El Sil­ma­ri­llion me lo ter­miné com­prando yo solita poco des­pués).

La geo­gra­fía de la Tie­rra Media tiene muchí­si­mos pro­ble­mas. Al ser la pie­dra angu­lar sobre la que los escri­to­res suce­si­vos han basado su tra­bajo, esos pro­ble­mas se ter­mi­nan amon­to­nando unos sobre otros. Y se ampli­fi­can. Es como el juego de telé­fono esca­cha­rrado, pero a una escala épica.

Y hay cosas que a Tol­kien le per­dono con mucho gusto, pero a Johnny McGrim­dark no le paso ni una. Que nos cono­ce­mos.

Alguna vez he hablado de los mapas de fan­ta­sía como cargo cult que, aun­que es un tér­mino car­gado (je) y etno­cén­trico, se ajusta bas­tante a la men­ta­li­dad con la que algu­nos auto­res se acer­can a sus mapas. Es una forma de pen­sa­miento mágico que con­funde la causa con el efecto: si cons­tru­yes una pista de ate­rri­zaje, van a empe­zar a lle­gar avio­nes car­ga­dos de rega­los. Si planto un mapa de tonos ocres con tex­tura de per­ga­mino en mi novela épica, esta será tan buena como las de Tol­kien. Repito, lo que hace que su obra sea tan influ­yente no son los mapas; sólo son la parte más sen­ci­lla de imi­tar. Y si vas a copiarle, empieza por la escala, leches.

 

 

Ahora esta­mos en una fase en la que parece que es obli­ga­to­rio poner mapas al prin­ci­pio o al final de esta clase de libros. Es bas­tante común ver a auto­res que, con la novela ter­mi­nada, bus­can ilus­tra­do­res que saquen un mapa a par­tir de su his­to­ria, con eró­tico resul­tado. Por­que es obli­ga­to­rio. Por­que es fan­ta­sía épica. Y no hace falta, de ver­dad. No son impres­cin­di­bles, no tie­nen por qué gus­tarte. Mucha gente se abu­rre sin más con ellos y no van a dedi­carle más que un vis­tazo rápido a ese mapa en el que has echando tan­tas horas.

No es un con­sejo hipó­crita, va total­mente en serio. Ante la duda, no pon­gas mapas. No. Hacen. Falta. En mi caso, creo que estoy liada con una his­to­ria de fan­ta­sía para poder hacer los mapas, no al revés. Me relaja un mon­tón dibu­jar ríos y ponerle nom­bre a las cosas, pero lo hago por­que me gusta, no por­que sea un requi­sito impres­cin­di­ble del género. Si a ti no te van los mapas, no te preo­cu­pes. Dedica ese tiempo y esfuerzo a cosas más úti­les.

Ahora, si te pones, hazlo bien. Hay erro­res de prin­ci­piante que son sen­ci­llí­si­mos de evi­tar. Los tres peca­dos capi­ta­les son, en mi opi­nión, que haya cade­nas mon­ta­ño­sas for­mando ángu­los rec­tos entre sí, ríos que se bifur­can o que flu­yen cuesta arriba y que no haya una escala bien visi­ble que indi­que el tamaño apro­xi­mado del terri­to­rio que se repre­senta en el mapa.

Tengo una serie de artícu­los pre­pa­rada sobre el tema, para poder dar la brasa de forma orga­ni­zada y sin límite de carac­te­res. Me voy a cen­trar sobre todo en esos tres erro­res, pero quiero ter­mi­nar con un tuto­rial paso a paso para con­se­guir un mapa útil, com­pleto y que no llene a Raquel de una furia homi­cida irra­cio­nal.

Empe­za­re­mos hablando de «La escala, esa gran des­co­no­cida» y de que cada vez que no la pones Chris­top­her Tol­kien saca otro libro. Esto es así, yo no hago las nor­mas.

 

En marzo: Gamusinos

En marzo: Gamusinos

Hace un par de días que lo anun­cia­ban en Twit­ter y aquí estoy, con pun­tua­li­dad bri­tá­nica, para decir que voy a publi­car una novela corta con la edi­to­rial Cer­bero. Ah, no sabéis lo bien que sienta decirlo; me lo con­fir­ma­ron hace unos meses y ya no me que­da­ban uñas que mor­derme.

 

 

La por­tada es una mara­vi­lla. El artista es Ittai Manero y ha hecho un tra­bajo espec­ta­cu­lar, por­que los gamu­si­nos a los que se refiere el título no son las galli­ná­ceas que se ven en pri­mer plano, sino los ado­ra­bles bichi­tos de ojos bri­llan­tes que salen al fondo.

Gamu­si­nos es una his­to­ria de cien­cia fic­ción humo­rís­tica. Hay home­naje y paro­dia a par­tes igua­les de la CF más clá­sica, que tam­bién me gusta y me frus­tra en can­ti­da­des pare­ci­das. Fue una espe­cie de desafío per­so­nal ver cuán­tos tópi­cos del género podía meter en tan poco espa­cio, sin que reven­ta­ran las cos­tu­ras.

Ya hablaré con más tiempo sobre todo esto, hoy sólo que­ría poner la por­tada y dar gri­ti­tos en público por la buena noti­cia.

Kelly Link en el National Book Festival

Kelly Link en el National Book Festival

La ini­cia­tiva Adopta una autora está en pausa hasta nuevo aviso, pero voy a seguir poniendo cosas sobre mi adop­tada, Kelly Link, como este video de su apa­ri­ción en el Natio­nal Book Fes­ti­val, orga­ni­zado por la Biblio­teca del Con­greso de Esta­dos Uni­dos. Si os defen­déis con el inglés, reco­miendo muchí­simo que lo veáis entero (hay sub­tí­tu­los, pero sólo en inglés). Link habla sobre escri­tura, sobre su tra­bajo como edi­tora y sus colec­cio­nes de rela­tos. Hay anéc­do­tas bue­ní­si­mas sobre las his­to­rias de fan­tas­mas que colec­ciona y ade­más lee un frag­mento de Demon Lover, uno de los cuen­tos de Get in trou­ble y doce mini­cuen­tos escri­tos en forma de horós­copo que son impres­cin­di­bles.