Cartografía fantástica (II): Escala

Los mapas han de aportar algo a la historia a la que acompañan. Da igual que sean bonitos o no, tienen que dar información útil a tus lectores. Y la información más importante que contiene un mapa es el tamaño del lugar que representa. Eso es justo lo que hace la escala. Cuando se trata de mapas del mundo real más o menos tenemos una idea del tamaño de los territorios que describen (que no siempre es correcta; algunas proyecciones cartográficas tienen problemas de distorsión que sobrerrepresentan unos países y minimizan otros, pero eso lo dejo para otro día). La escala siempre viene bien, pero no es imprescindible porque ya nos hemos encontrado antes mapas de la Tierra y sabemos que Australia es más grande que Menorca. Reconocemos las formas de los continentes porque las hemos visto desde antes de poner el pie en un colegio.

Con los mapas imaginarios esta ventaja se esfuma. Sin referencias claras es imposible saber si eso que tienes delante es el mapamundi de un planeta entero o si es del tamaño de Murcia, por ejemplo.

¿Y qué pasa si no pones escala? Pues que es muy fácil que tengas problemas de escala, valga la rebuznancia. Me explico. Hay formas de hacerse una idea aproximada del tamaño del escenario en el que se desarrolla una historia sin tener el mapa delante, como las descripciones y la cronología interna, o el tiempo que tardan los personajes en llegar de un punto a otro. O la velocidad a la que vuela un grajo desde Fresquilandia, en el norte, hasta Punta Chancleta, en el sur, para anunciar que hace un frío del carajo.

(Es una noticia importante y el pobre grajo hace todo lo que puede, ¿vale?).

Como digo, según lees, vas echando cuentas. Tienes un mapa precioso, sin escala pero con unas líneas de costa muy fotogénicas y con todos los extras: las Montañas de la Locura, las Ciénagas de la Perdición, el Desierto de los Sudores, etc. Además se ven otras cuatro o cinco cordilleras interminables que se cruzan entre sí y dos o tres ríos con pinta de Amazonas. Pero con las pistas en el texto te sale que el mapa sí que era del tamaño de Murcia, después de todo.

Que Murcia es muy hermosa, ojo, pero no le cabe dentro tanta geografía.

Y tu mapa tiene un problema serio de escala. Lo contrario también ocurre, claro, pasarse de frenada y tener a tus personajes vagando por un territorio imposiblemente grande, sin tener en cuenta los meses que se van a pasar de viaje y todos los problemas de logística asociados. Y la épica tampoco depende de la escala, pero hay que buscar un equilibrio entre las dos situaciones. Por eso es importante un mapa bien hecho, que primero va a beneficiar a quien escribe. Acotar el espacio te ahorra problemas a la larga. Y en esta fase da igual que el mapa sea un boceto en una servilleta.

TIPOS DE ESCALAS

La escala de un mapa es la proporción que existe entre las distancias representadas en él y las distancias que hay sobre el terreno en el mundo real. En un mapa ideal que fuese igual de grande que su territorio (una idea estupenda para usar en ficción, por cierto) la escala sería de 1:1. Un mapa más manejable que fuese la mitad de grande que el terreno que describe tendría una escala de 1:2. En un mapa cien veces más pequeño la escala sería de 1:100 y así sucesivamente. En la práctica, esas escalas son poco útiles, la diferencia suele ser bastante más grande. Para que os hagáis una idea, los mapas escolares de la península ibérica suelen estar hechos a una escala de 1:1.500.000.

Las escalas numéricas también se pueden poner en forma de fracción: 1/10.000, pero la notación con los dos puntos es más corriente.

En el fondo, se escriben así para no tener que andar complicándote la vida con decimales, porque todas las escalas cartográficas son de reducción. Así que cuanto más grande sea el número después de los dos puntos, menor es la escala. Un mapa a gran escala representa un territorio pequeño con mucho detalle y un mapa a pequeña escala describe un territorio enorme pero con pocos detalles. Sí, es un lío.

Este tipo de escalas no suele llevar unidades porque puedes elegir la medida que quieras, siempre que la proporción se mantenga. Un centímetro en un mapa a escala 1:100.000 corresponde a cien mil centímetros en la realidad (o un kilómetro, para la gente de letras). Un milímetro en el mismo mapa serían cien metros en la realidad.

Las escalas numéricas son bastante modernas, de todos modos. Se pueden usar sin problemas para mapas de ciencia ficción o de fantasía ambientada en el presente, pero resultan un pelín anacrónicas en historias pseudomedievales, por mencionar alguna. En esos casos, creo que es mejor utilizar una escala gráfica, que es la que solían usar los mapas antiguos. (O poner las dos a la vez, que tampoco pasa nada).

Con el mapa de antes, el de la escala numérica de 1:100.000, basta con dibujar una línea de un centímetro de largo y poner debajo «1 km». O una línea que mida diez centímetros y después indicar que son diez kilómetros, lo que quede mejor. Luego se puede adornar todo lo que quieras, o añadir varias escalas gráficas con medidas de longitud distintas: millas y kilómetros, por ejemplo. En los mapas antiguos solían poner varias unidades en la misma escala gráfica porque no había un sistema métrico unificado. Y, como hablamos de mapas fantásticos, pueden ser totalmente inventadas, claro.

Aquí lo importante es recordar que con las escalas gráficas siempre tienes que especificar qué unidad de medida estás usando o no sirven para nada. Como ejemplo de esto siempre pongo el mapa de Styria que sale en La mejor venganza, de Joe Abercrombie. Se pasó años echando pestes de los mapas, diciendo que estaban muy bien como material de apoyo para autores, pero que era mejor no publicarlos y, cuando decidió romper esa regla y sacar el primero, hizo esto. Todavía no tengo muy claro si es por inoperancia o si es un troleo nivel dios. ¿Qué narices es eso, Joe? Da igual que pongas el compás todo chulo si faltan las unidades.

Una tercera forma de señalar el tamaño que tiene un mapa es usar un marco que indique los grados de latitud y longitud. En un planeta que tenga el mismo tamaño que la Tierra, cada grado de longitud, o de latitud sobre el Ecuador, va a medir unos 111,11 kilómetros. Los grados de latitud van haciéndose más cortos según te acercas a los polos, porque la Tierra es básicamente una esfera (esto es lo que genera la distorsión en los mapas de la que hablaba al principio), pero sirven para tener una idea aproximada de las distancias.

Así que ese borde cuadriculado que rodea a muchos mapas no está de adorno (como en el mapa de arriba, ¿eh, Joe?), sirve para indicar coordenadas y tamaño. Se puede añadir sin problemas a mapas fantásticos para dar todavía más información sobre tu mundo. No tengas miedo de ponerlo, así se podrá saber de un vistazo si tu país imaginario está muy al norte o muy al sur, por ejemplo, algo importante para conocer el clima o las horas de luz que va a tener ese sitio. Y, en general, el meridiano cero del planeta va a estar en el país más importante o más influyente, que es otra pista de la ambientación que se puede dejar caer desde la página de mapas.

En general, tus lectores están acostumbrados a usar la geolocalización del móvil hasta para ir a mear, no van a asustarse si pones coordenadas geográficas. Estoy convencida de que la nuestra es la primera generación de la historia en la que la gente normal sabe interpretar tan bien un mapa. Así que no te cortes.

Lo mejor es pasarte un rato viendo mapas históricos para inspirarte. A veces las escalas son más interesantes que los monstruos marinos.

ELEGIR UNA ESCALA

La escala que uses en el mapa tiene que adaptarse a la historia que vas a contar. Si tus hobbits no salen de la Comarca, igual no hace falta poner un mapa en el que se vea Mordor. Que no digo que no puedas poner tu Tierra Media entera para crear hype y sentido de la maravilla, pero asegúrate de añadir otro sólo de la Comarca con un cartelito que diga «Aquí hay medianos».

Porque, aunque tengas cartografiado todo tu planeta imaginario, tampoco es necesario sacar todos los mapas al principio, en el primer libro de tu increíble heptalogía. Es buena idea guardarlos hasta que los necesites de verdad, cuando expandas la historia y tus personajes viajen, aunque sólo sea porque te da margen para hacer correcciones. Una vez que los enseñas, si los cambias, lo más probable es que venga algún listo a decirte que en el episodio BF12 estabas combatiendo contra unos bárbaros a lomos de un caballo indio con alas, pero en la escena siguiente, querida, estabas claramente a lomos de un caballo árabe con alas. ¿Quieres explicárnoslo?

Sí, por supuesto que lo hizo un mago.

Voy a terminar con algunos ejemplos. Para una ciudad o una región pequeña necesitas un mapa a gran escala; el territorio total representado no va a ser muy grande pero puedes poner muchos detalles. Usa una escala entre 1:5.000 y 1:50.000 o añade una línea de un centímetro en el mapa y pon que equivale a cincuenta o quinientos metros, o lo que corresponda al número que elijas.

Para mapas de países o reinos de tamaño normal es mejor usar una escala intermedia; entre 1:50.000 y 1:500.000. En este caso, cada raya de un centímetro estará entre medio kilómetro y cinco kilómetros en el mundo real.

Para extensiones que van desde países grandes a continentes, o hasta un planisferio completo, el mapa necesita una escala pequeña. El territorio representado puede ser grandísimo, pero el mapa quedará menos detallado: puedes poner una ciudad por país (la capital) y el río y montañas más importantes en cada caso, pero nada más, porque no caben. El rango de escalas irá entre 1:500.000 y 1:50.000.000 y nuestra línea de un centímetro en el mapa medirá entre cinco y quinientos kilómetros sobre el terreno. (Sí, hasta los planisferios tendrían que llevar siempre escala , sobre todo si tu mundo tiene un tamaño distinto a la Tierra).

La escala funciona un poco como el nivel de zoom en una imagen, que cuanto más te acercas, más cosas puedes ver. Si necesitas ejemplos prácticos, es buena idea instalar Google Earth. El programa tiene una escala gráfica incorporada que va cambiando según aumentas o reduces la altitud de la cámara, así que es muy fácil hacerse una idea de cuál necesitas para tu país imaginario, si es más o menos del tamaño de Italia, por ejemplo. Sólo tienes que centrar el mapa en Italia y la escala correspondiente sale en la parte inferior izquierda de la pantalla. (Si no aparece a la primera, puede que tengas que activar la casilla correspondiente en el menú Ver).

Una vez elegida la escala es importantísimo mantenerla. El de la cita de los Simpsons que puse antes se va a dar cuenta si la cambias a lo tonto. Yo me voy a dar cuenta. Así que aprovéchala, que a la larga te va a ahorrar trabajo, en serio. Cuando la tengas elegida, en tu mapa de escala 1:100.000, siempre vas a a saber que esos dos pueblos que has dibujado a diez centímetros de distancia están separados diez kilómetros en la «realidad». Un personaje que salga caminando desde uno tardará un par de horas en llegar al otro y un mensajero a caballo puede estar allí en quince minutos. La gente puede ir y volver en el día, así que es probable que haya comercio y una sana rivalidad vecinal, porque están lo bastante cerca como para relacionarse a menudo pero lo bastante lejos para no tener que competir por los recursos (suponiendo una ambientación de la antigüedad a lo medieval, claro). Sólo con elegir la escala ya tienes medio worldbuilding solucionado.

Creo que eso es todo por hoy. Puedes dejar un comentario si algo no ha quedado claro y responderé en cuanto pueda.

La semana que viene hablaremos de montañas.

Los mapas han de aportar algo a la historia a la que acompañan. Da igual que sean bonitos o no, tienen que dar información útil a tus lectores. Y la información más importante que contiene un mapa es el tamaño del lugar que representa. Eso es justo lo que hace la escala. Cuando se trata de mapas del mundo real más o menos tenemos una idea del tamaño de los territorios que describen (que no siempre es correcta; algunas proyecciones cartográficas tienen problemas de distorsión que sobrerrepresentan unos países y minimizan otros, pero eso lo dejo para otro día). La escala siempre viene bien, pero no es imprescindible porque ya nos hemos encontrado antes mapas de la Tierra y sabemos que Australia es más grande que Menorca. Reconocemos las formas de los continentes porque las hemos visto desde antes de poner el pie en un colegio.

Con los mapas imaginarios esta ventaja se esfuma. Sin referencias claras es imposible saber si eso que tienes delante es el mapamundi de un planeta entero o si es del tamaño de Murcia, por ejemplo.

¿Y qué pasa si no pones escala? Pues que es muy fácil que tengas problemas de escala, valga la rebuznancia. Me explico. Hay formas de hacerse una idea aproximada del tamaño del escenario en el que se desarrolla una historia sin tener el mapa delante, como las descripciones y la cronología interna, o el tiempo que tardan los personajes en llegar de un punto a otro. O la velocidad a la que vuela un grajo desde Fresquilandia, en el norte, hasta Punta Chancleta, en el sur, para anunciar que hace un frío del carajo.

(Es una noticia importante y el pobre grajo hace todo lo que puede, ¿vale?).

Como digo, según lees, vas echando cuentas. Tienes un mapa precioso, sin escala pero con unas líneas de costa muy fotogénicas y con todos los extras: las Montañas de la Locura, las Ciénagas de la Perdición, el Desierto de los Sudores, etc. Además se ven otras cuatro o cinco cordilleras interminables que se cruzan entre sí y dos o tres ríos con pinta de Amazonas. Pero con las pistas en el texto te sale que el mapa sí que era del tamaño de Murcia, después de todo.

Que Murcia es muy hermosa, ojo, pero no le cabe dentro tanta geografía.

Y tu mapa tiene un problema serio de escala. Lo contrario también ocurre, claro, pasarse de frenada y tener a tus personajes vagando por un territorio imposiblemente grande, sin tener en cuenta los meses que se van a pasar de viaje y todos los problemas de logística asociados. Y la épica tampoco depende de la escala, pero hay que buscar un equilibrio entre las dos situaciones. Por eso es importante un mapa bien hecho, que primero va a beneficiar a quien escribe. Acotar el espacio te ahorra problemas a la larga. Y en esta fase da igual que el mapa sea un boceto en una servilleta.

TIPOS DE ESCALAS

La escala de un mapa es la proporción que existe entre las distancias representadas en él y las distancias que hay sobre el terreno en el mundo real. En un mapa ideal que fuese igual de grande que su territorio (una idea estupenda para usar en ficción, por cierto) la escala sería de 1:1. Un mapa más manejable que fuese la mitad de grande que el terreno que describe tendría una escala de 1:2. En un mapa cien veces más pequeño la escala sería de 1:100 y así sucesivamente. En la práctica, esas escalas son poco útiles, la diferencia suele ser bastante más grande. Para que os hagáis una idea, los mapas escolares de la península ibérica suelen estar hechos a una escala de 1:1.500.000.

Las escalas numéricas también se pueden poner en forma de fracción: 1/10.000, pero la notación con los dos puntos es más corriente.

En el fondo, se escriben así para no tener que andar complicándote la vida con decimales, porque todas las escalas cartográficas son de reducción. Así que cuanto más grande sea el número después de los dos puntos, menor es la escala. Un mapa a gran escala representa un territorio pequeño con mucho detalle y un mapa a pequeña escala describe un territorio enorme pero con pocos detalles. Sí, es un lío.

Este tipo de escalas no suele llevar unidades porque puedes elegir la medida que quieras, siempre que la proporción se mantenga. Un centímetro en un mapa a escala 1:100.000 corresponde a cien mil centímetros en la realidad (o un kilómetro, para la gente de letras). Un milímetro en el mismo mapa serían cien metros en la realidad.

Las escalas numéricas son bastante modernas, de todos modos. Se pueden usar sin problemas para mapas de ciencia ficción o de fantasía ambientada en el presente, pero resultan un pelín anacrónicas en historias pseudomedievales, por mencionar alguna. En esos casos, creo que es mejor utilizar una escala gráfica, que es la que solían usar los mapas antiguos. (O poner las dos a la vez, que tampoco pasa nada).

Con el mapa de antes, el de la escala numérica de 1:100.000, basta con dibujar una línea de un centímetro de largo y poner debajo «1 km». O una línea que mida diez centímetros y después indicar que son diez kilómetros, lo que quede mejor. Luego se puede adornar todo lo que quieras, o añadir varias escalas gráficas con medidas de longitud distintas: millas y kilómetros, por ejemplo. En los mapas antiguos solían poner varias unidades en la misma escala gráfica porque no había un sistema métrico unificado. Y, como hablamos de mapas fantásticos, pueden ser totalmente inventadas, claro.

Aquí lo importante es recordar que con las escalas gráficas siempre tienes que especificar qué unidad de medida estás usando o no sirven para nada. Como ejemplo de esto siempre pongo el mapa de Styria que sale en La mejor venganza, de Joe Abercrombie. Se pasó años echando pestes de los mapas, diciendo que estaban muy bien como material de apoyo para autores, pero que era mejor no publicarlos y, cuando decidió romper esa regla y sacar el primero, hizo esto. Todavía no tengo muy claro si es por inoperancia o si es un troleo nivel dios. ¿Qué narices es eso, Joe? Da igual que pongas el compás todo chulo si faltan las unidades.

Una tercera forma de señalar el tamaño que tiene un mapa es usar un marco que indique los grados de latitud y longitud. En un planeta que tenga el mismo tamaño que la Tierra, cada grado de longitud, o de latitud sobre el Ecuador, va a medir unos 111,11 kilómetros. Los grados de latitud van haciéndose más cortos según te acercas a los polos, porque la Tierra es básicamente una esfera (esto es lo que genera la distorsión en los mapas de la que hablaba al principio), pero sirven para tener una idea aproximada de las distancias.

Así que ese borde cuadriculado que rodea a muchos mapas no está de adorno (como en el mapa de arriba, ¿eh, Joe?), sirve para indicar coordenadas y tamaño. Se puede añadir sin problemas a mapas fantásticos para dar todavía más información sobre tu mundo. No tengas miedo de ponerlo, así se podrá saber de un vistazo si tu país imaginario está muy al norte o muy al sur, por ejemplo, algo importante para conocer el clima o las horas de luz que va a tener ese sitio. Y, en general, el meridiano cero del planeta va a estar en el país más importante o más influyente, que es otra pista de la ambientación que se puede dejar caer desde la página de mapas.

En general, tus lectores están acostumbrados a usar la geolocalización del móvil hasta para ir a mear, no van a asustarse si pones coordenadas geográficas. Estoy convencida de que la nuestra es la primera generación de la historia en la que la gente normal sabe interpretar tan bien un mapa. Así que no te cortes.

Lo mejor es pasarte un rato viendo mapas históricos para inspirarte. A veces las escalas son más interesantes que los monstruos marinos.

ELEGIR UNA ESCALA

La escala que uses en el mapa tiene que adaptarse a la historia que vas a contar. Si tus hobbits no salen de la Comarca, igual no hace falta poner un mapa en el que se vea Mordor. Que no digo que no puedas poner tu Tierra Media entera para crear hype y sentido de la maravilla, pero asegúrate de añadir otro sólo de la Comarca con un cartelito que diga «Aquí hay medianos».

Porque, aunque tengas cartografiado todo tu planeta imaginario, tampoco es necesario sacar todos los mapas al principio, en el primer libro de tu increíble heptalogía. Es buena idea guardarlos hasta que los necesites de verdad, cuando expandas la historia y tus personajes viajen, aunque sólo sea porque te da margen para hacer correcciones. Una vez que los enseñas, si los cambias, lo más probable es que venga algún listo a decirte que en el episodio BF12 estabas combatiendo contra unos bárbaros a lomos de un caballo indio con alas, pero en la escena siguiente, querida, estabas claramente a lomos de un caballo árabe con alas. ¿Quieres explicárnoslo?

Sí, por supuesto que lo hizo un mago.

Voy a terminar con algunos ejemplos. Para una ciudad o una región pequeña necesitas un mapa a gran escala; el territorio total representado no va a ser muy grande pero puedes poner muchos detalles. Usa una escala entre 1:5.000 y 1:50.000 o añade una línea de un centímetro en el mapa y pon que equivale a cincuenta o quinientos metros, o lo que corresponda al número que elijas.

Para mapas de países o reinos de tamaño normal es mejor usar una escala intermedia; entre 1:50.000 y 1:500.000. En este caso, cada raya de un centímetro estará entre medio kilómetro y cinco kilómetros en el mundo real.

Para extensiones que van desde países grandes a continentes, o hasta un planisferio completo, el mapa necesita una escala pequeña. El territorio representado puede ser grandísimo, pero el mapa quedará menos detallado: puedes poner una ciudad por país (la capital) y el río y montañas más importantes en cada caso, pero nada más, porque no caben. El rango de escalas irá entre 1:500.000 y 1:50.000.000 y nuestra línea de un centímetro en el mapa medirá entre cinco y quinientos kilómetros sobre el terreno. (Sí, hasta los planisferios tendrían que llevar siempre escala , sobre todo si tu mundo tiene un tamaño distinto a la Tierra).

La escala funciona un poco como el nivel de zoom en una imagen, que cuanto más te acercas, más cosas puedes ver. Si necesitas ejemplos prácticos, es buena idea instalar Google Earth. El programa tiene una escala gráfica incorporada que va cambiando según aumentas o reduces la altitud de la cámara, así que es muy fácil hacerse una idea de cuál necesitas para tu país imaginario, si es más o menos del tamaño de Italia, por ejemplo. Sólo tienes que centrar el mapa en Italia y la escala correspondiente sale en la parte inferior izquierda de la pantalla. (Si no aparece a la primera, puede que tengas que activar la casilla correspondiente en el menú Ver).

Una vez elegida la escala es importantísimo mantenerla. El de la cita de los Simpsons que puse antes se va a dar cuenta si la cambias a lo tonto. Yo me voy a dar cuenta. Así que aprovéchala, que a la larga te va a ahorrar trabajo, en serio. Cuando la tengas elegida, en tu mapa de escala 1:100.000, siempre vas a a saber que esos dos pueblos que has dibujado a diez centímetros de distancia están separados diez kilómetros en la «realidad». Un personaje que salga caminando desde uno tardará un par de horas en llegar al otro y un mensajero a caballo puede estar allí en quince minutos. La gente puede ir y volver en el día, así que es probable que haya comercio y una sana rivalidad vecinal, porque están lo bastante cerca como para relacionarse a menudo pero lo bastante lejos para no tener que competir por los recursos (suponiendo una ambientación de la antigüedad a lo medieval, claro). Sólo con elegir la escala ya tienes medio worldbuilding solucionado.

Creo que eso es todo por hoy. Puedes dejar un comentario si algo no ha quedado claro y responderé en cuanto pueda.

La semana que viene hablaremos de montañas.

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